Isatu tenía casi once años cuando pronunció en voz alta la Palabra de Dios por primera vez. No en una iglesia, ni en casa, sino en el patio de un aula. Rodeada de sus compañeros, profesores y directivos de la escuela Agape Elementary and Academy, una escuela asociada de Edify en Sierra Leona, Isatu recuerda claramente la sensación. Sus manos estaban firmes. Su voz la sorprendió. Las Escrituras, antes desconocidas, ahora vivían en su interior, listas para ser pronunciadas.
Pero todo lo que condujo a ese momento no llegó fácilmente. Isatu creció en un hogar musulmán, y Jesús no era un nombre que conociera bien, ni uno que se le animara a explorar. Cuando sus padres eligieron Agape, fue por la calidad de la educación, una escuela con reputación de ayudar a los niños a aprender y prosperar. Buscaban una formación académica sólida. Sin embargo, Isatu no esperaba que la escuela pusiera una Biblia en sus manos y que su mundo se abriera a la Palabra de Dios.
Transformada por la Palabra de Dios
Comenzó en silencio. Leyendo por su cuenta. Meditando las palabras. Dos versículos lo cambiaron todo para Isatu, versículos que la sostuvieron durante esta etapa de cambio en su vida. Juan 3:16 le recordó que el amor no era distante ni condicional, sino entregado libremente. Un Dios que amó tanto al mundo que dio a Su Hijo para que nadie se perdiera, sino que pudiera encontrar la vida verdadera. Juan 20:30 hablaba de señales y prodigios escritos para que las personas creyeran que Jesús es el Mesías, y que creer conducía a la vida misma. «Mi visión sobre Jesús comenzó a cambiar cuando empecé a leer las Escrituras», dice Isatu. «Esos versículos me hicieron querer aprender más sobre Él, aunque era difícil en casa».
Cuando su padre descubrió que tenía una Biblia, se enfureció. La tensión era real, pero no la detuvo. Isatu continuó leyendo, aprendiendo y creciendo en su fe. En la escuela, encontró un lugar donde la fe y el aprendizaje pertenecían juntos y donde hacer preguntas era bienvenido. Donde levantarse para leer las Escrituras no era rebeldía, sino formación. A través de los Clubes de Discipulado y más tarde la Comunidad de Antiguos Alumnos, su comprensión se profundizó y su confianza creció. Estas comunidades ayudaron a expandir sus habilidades de liderazgo y fortalecieron su determinación de seguir aprendiendo, dondequiera que ese camino pudiera llevarla.
Un futuro prometedor en Cristo
Hoy, Isatu está cursando una licenciatura en Ciencias. Habla sobre su futuro con serena claridad y valentía. «Después de completar mis estudios en medicina, planeo equiparme con las habilidades y conocimientos necesarios para transformar vidas y ayudar a hacer de Sierra Leona una nación piadosa. Espero servir a los demás y retribuir a mi comunidad compartiendo mi experiencia de fe y conocimiento académico».



