noviembre 9, 2025

Más que una escuela

República Dominicana

Todo empezó con una sola puerta de escuela.

Anny Morla tenía diecinueve años cuando la cruzó por primera vez, sin saber que la escuela crecería a su alrededor y que ella crecería con ella. Entonces era asistente de una maestra de primero de primaria, joven y entusiasta, barriendo el polvo de los pupitres de madera y corrigiendo los trabajos de alumnos deseosos de aprender. Las paredes de la Escuela Evangélica Shalom, en la República Dominicana, se extendían lo justo para acoger a sus 105 estudiantes de mirada brillante, rebosantes de posibilidades y alegría. No esperaba quedarse, pero hay lugares que están hechos para algo más que sus comienzos.

Creciendo junto a la escuela

Anny se movía por la escuela como un hilo a través de la tela, cosiéndose a su entramado: primero como profesora de inglés, luego como profesora de informática de secundaria, después como secretaria del centro, todo ello mientras estudiaba por las noches educación infantil. La escuela crecía, planta a planta, y ella también. Las puertas se abrían más. Llegaban más niños. Un día, ya no estaba solo de paso; se había convertido en parte de los cimientos.

En 1996, Rosa Adelia Zorrilla colocó la primera piedra, aunque, como recuerda, no parecía gran cosa. “Hoy nuestra escuela parece grande, pero era diminuta”, recuerda Rosa. “No había nada aquí”.

La escuela creció despacio. Los primeros 105 alumnos se apretaban en aulas pequeñas. Y, aun así, de algún modo, siempre había espacio suficiente. En 2008 se construyó la segunda planta. Luego, la tercera. “Al principio, nos daba miedo dar pasos de fe tan grandes, pero sabíamos que el Señor estaba abriendo puertas”, comparte Rosa. En 2012, la escuela se asoció con Edify, y se fortaleció. Cuatro préstamos a través del socio local de financiación de Edify, Coopaspire, añadieron nuevas aulas, paneles solares y espacio para respirar. Los programas de formación moldearon al profesorado. La tecnología educativa aportó infinitas posibilidades al aula. La escuela ya no solo se mantenía en pie: prosperaba.

Un verdadero florecimiento

Anny ha crecido dentro de estas paredes escolares durante más de una década. Ha visto cómo cambia a las personas y cómo la cambia a ella. “Lo que más me ha impactado es el crecimiento, no solo de la escuela, sino mi propio crecimiento desde que empecé aquí”, reflexiona. “Este centro se ha convertido en parte de mi familia. Mi carácter se ha forjado en este lugar”.

La escuela siempre ha sido más que pupitres y pizarras, más que calificaciones y ceremonias de graduación. “En estas escuelas, no solo se da educación: se da la Palabra de Dios, se siembra para el Reino”, explica Rosa. “Si la educación no es Cristocéntrica, no llega al corazón, y la sociedad no cambiará”.

Anny, ahora Coordinadora General, lleva esa misión adelante. Lo ve en la confianza que las familias depositan en este lugar, en la permanencia del profesorado, en cómo los niños regresan de adultos trayendo a sus pequeños para cruzar las mismas puertas. “El factor más importante de nuestro crecimiento ha sido el impacto que hemos tenido en la comunidad”, afirma. “Las familias quieren que sus hijos formen parte de esta escuela por el fuerte sentido de cuidado y pertenencia que ofrecemos”.

Lo que empezó como una sola puerta se convirtió en un lugar de transformación y esperanza para Anny y para generaciones de estudiantes por venir.

Nuestro trabajo en la República Dominicana.