Mercedes se sienta pensativa al fondo de su aula en El Camino Feliz, mientras el suave resplandor de la luz de la mañana ilumina los rostros esperanzados de sus alumnos. En sus manos, una sola tableta pasa de niño en niño —no para jugar, sino con un propósito—. Se turnan para realizar una nueva evaluación de alfabetización digital, uno a uno; cada cual escucha, lee y responde a través de una aplicación diseñada para medir su nivel de lectura. Cada turno es un pequeño milagro; cada sonrisa, un testimonio de cómo está cambiando el aprendizaje.
Un legado familiar
Para Mercedes y su marido, Carlos, cada momento como este se siente como un regalo. «Formamos parte de la primera cohorte de las Escuelas Core¹ de Edify», dice, con una voz llena de serena gratitud. «Nos graduamos en 2022. Edify siempre nos ha tenido en cuenta en sus nuevos programas. Estamos muy agradecidos por la herramienta de evaluación de lectura que nos presentaron y por lo accesible que es. Mis alumnos estaban entusiasmados por hacer una prueba que se parecía más a un juego. Fue rápida, fácil y nos dio información valiosa para ayudarles a avanzar».
Lydia, alumna de tercero, lo recuerda bien. «Siempre pensé que los exámenes eran difíciles y no muy divertidos. Pero cuando hice la prueba de lectura con la tableta, fue fácil ponerse los auriculares, escuchar las instrucciones y completar las preguntas. Fue divertido usar una tableta para leer y escuchar. ¡Me gustó mucho!».
La herramienta, parte del innovador proyecto de alfabetización de Edify basado en la aplicación One-Test, ahora ayuda a docentes de toda América Latina y África a evaluar con precisión los niveles de lectura y a recopilar los datos que necesitan para apoyar a cada alumno.
Un eco de cambio
La historia de El Camino Feliz se repite en aulas de toda América Latina y África, donde la tecnología está abriendo puertas que antes se creían cerradas. Según el Banco Mundial, «los estudiantes que utilizan herramientas de aprendizaje apoyadas por la tecnología pueden experimentar una mejora de hasta un 30% en los resultados de lectura y matemáticas». ² Cuando se integra de forma intencional en el tejido del aprendizaje, la tecnología hace que las lecciones sean más interactivas, más atractivas y, lo más importante, más eficaces.
La investigación confirma lo que docentes como Mercedes ven a diario: cuando se integra la tecnología, los alumnos están más motivados y seguros. Como nos recuerda el experto en educación Andreas Schleicher: «La tecnología puede potenciar una gran enseñanza, pero una gran tecnología no puede sustituir una mala enseñanza. Cuando se utiliza bien, puede hacer que el aprendizaje sea más divertido, más colaborativo y más creativo».³
Sin embargo, ni siquiera las mejores herramientas digitales pueden sustituir la calidez de un docente comprometido. En El Camino Feliz, la tecnología no es la protagonista, sino una aliada de apoyo, que refuerza la dedicación y la creatividad de los docentes que saben cómo guiar, inspirar y cuidar a cada niño. Aquí, el aprendizaje se adapta a cada alumno. Con herramientas que convierten las evaluaciones en momentos de descubrimiento, aulas como esta están preparando a los estudiantes no solo para aprobar exámenes, sino para prosperar.



