“Él hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu reivindicación, como el sol del mediodía. Guarda silencio ante el SEÑOR y espera en él con paciencia; no te alteres cuando la gente prospere en sus caminos al llevar a cabo sus malvados planes”, Salmo 37:6-7 (NVI).
En el año 1994, más de un millón de ruandeses fueron masacrados en uno de los sucesos más horribles de la historia mundial, todo ello en apenas 100 días. Vecinos se enfrentaron a vecinos, amigos a amigos, y la armonía que Ruanda conoció una vez se convirtió en caos mientras millones de personas sufrían pérdidas indescriptibles. Una recuperación fácil no sería posible para esta nación devastada por la guerra tras semejante hostilidad y derramamiento de sangre y, para muchos, un dolor desgarrador envolvió la vida cotidiana.
La esperanza resplandece
Sin embargo, a medida que el polvo se asentaba, un rayo de luz entró en la oscuridad. El nuevo Gobierno ruandés adoptó una constitución diferente y realizó cambios en sus políticas. Crearon programas para empoderar a las mujeres y aumentar el crecimiento y la estabilidad económica. Se crearon nuevos puestos de trabajo, las familias se reunieron y, con cada paso hacia la paz, una mayor claridad iluminó a la nación anteriormente oscurecida.
Para Fred Buyinza, cuya familia huyó a Uganda durante el genocidio, este cambio supuso el regreso a su hogar en Ruanda. Fred se sincera sobre su regreso a casa a una edad temprana: “Después de semejante tragedia, el pueblo ruandés buscaba una nueva identidad, incluida mi familia. Regresamos a Ruanda en 1995 para restablecer nuestra identidad como ruandeses, mirando hacia un futuro mejor. Recuerdo que me preguntaba: ‘¿Qué puede hacer alguien para tener una generación libre de genocidios? ¿Qué puede hacer alguien para discipular a una nación?’”
Esta pregunta permaneció en el corazón de Fred mientras crecía en su fe. En la aldea de su familia, Fred vio la curación de primera mano. Una nueva paz comenzó a reemplazar el desorden que antes nublaba a la comunidad; sin embargo, Fred sabía que podía hacer aún más.
La respuesta de Dios
Dios le dirigió a trabajar en el sistema educativo. Fred sabía que podía ser un agente de cambio en su comunidad, y Dios respondió a su persistente pregunta sobre cómo llevaría esperanza a su nación: mediante una educación Cristocéntrica. No fue hasta 2007 cuando la dirección de Dios se hizo realidad para Fred al abrir la Fruits of Hope Academy.
Fred comparte: “Empecé esta escuela en la oficina de la iglesia local con 24 alumnos de preescolar y menos de 200 dólares a mi nombre. Al año siguiente, Dios hizo que la matrícula pasara de 24 a 60 alumnos. Y al año siguiente, crecimos hasta los 160 alumnos. El lema por el que nos regimos en nuestra escuela es ‘Formados para servir’. Ha sido así desde el primer día. Enseñamos a los alumnos todo lo que necesitan saber sobre matemáticas, lectura, escritura y programación, todo ello integrando una cosmovisión bíblica en cada una de nuestras lecciones. Nuestros alumnos están superando a las escuelas públicas a la vez que adquieren el conocimiento de Cristo”.
Fruits of Hope se asoció con Edify en 2015 tras asistir a una formación sobre Prácticas Empresariales Sostenibles e Integración Bíblica. Los últimos nueve años de colaboración han resultado transformadores tanto para la escuela como para Fred. Además de implementar QuickBooks, que ha mejorado radicalmente las operaciones comerciales y el cobro de cuotas, Fred ha encontrado a otros líderes escolares con ideas afines que buscan “construir una comunidad que esté cambiando nuestro país de forma conjunta”, según compartió.
Fred continúa: “El programa EdTech de Edify también nos ha ayudado a desarrollar una nueva generación de estudiantes. Nuestros alumnos no solo están aprendiendo a usar aplicaciones en un ordenador, sino también a crearlas. Con la formación EdTech de Edify, estamos preparando a nuestros alumnos para prosperar en la era moderna”.
Fruits of Hope también ha recurrido a múltiples préstamos de los socios prestamistas de Edify para mejorar y ampliar las instalaciones a un ritmo acelerado y así seguir el ritmo de crecimiento de la escuela. “Si no fuera por la oportunidad que se me brindó a través de los socios prestamistas de Edify, no habríamos podido seguir ampliando nuestro alcance”, comenta.
Hoy, la escuela de Fred tiene 16 años y, al recordar sus humildes comienzos, vemos la fidelidad y el favor de Dios mientras Fruits of Hope brilla con fuerza.
Fred concluye: “Dios está trabajando en Ruanda, creando una nueva esperanza para su pueblo. Me siento sumamente bendecido por formar parte de la obra que Él está realizando en este país al proporcionar un lugar de esperanza para mis alumnos y mi comunidad. Espero que surjan líderes temerosos de Dios que sirvan a las personas como sirven al Señor; líderes que enseñen y amen a su pueblo y vean a través de los ojos de Cristo”.

